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Historias de Corbera | La Leyenda del Bandolero (publicado en Trobar-ho Tot año 2012)

Jeroni Pau Miquel era un pastor que tenía el corral de las ovejas junto a Can Dispanya, a un extremo de las tierras de Sant Ponç. Por las tardes de verano, a la fresca, y junto al fuego las noches de invierno, charlaba con un monje del Monasterio. Eran muy amigos y se intercambiaban las vivencias propias.

Pero un mal día un joven noble sin escrúpulos, haciendo valer su condición y aprovechándose del poder que representaba y de las leyes que siempre iban contra el más débil, le robó la mujer al pastor. Esta, años más tarde, murió de pena y de amor a su marido. El noble en cuestión era el hijo de Oller de Costa miembro de la curia del Barón de Corbera. Jeroni perdió la razón. Abandonó el rebaño y el reposo de Sant Ponç, para convertirse en bandolero. Ya no era Jeroni Pau Miquel. Había nacido Arengada, mote debido a lo enjuto de su carácter pero también a lo magro de sus carnes. Vive siempre pensando en la venganza y poder acabar con la vida del noble corberense, para hacer realidad el juramento que hizo sobre la tumba de su esposa. Dejaba tras de si y de sus compañeros malhechores una serie de crímenes, robos de masías alejadas, incendios de propiedades, asaltos a viandantes... hechos que crearon una halo de leyenda que le acompañaba por cordilleras y valles de la comarca.

Aquel diciembre era frío y lluvioso. Los bandoleros descansaban bajo unas encinas cerca del Monasterio de Sant Ponç. Unos metros más adelante, Arengada, apoyado en un olivo, contempla el Castillo de Corbera, mientras una mueca se dibuja a su rostro, presagio de una tragedia escrita desde mucho antes. Era noche de fiesta al Castillo. Francesc de Corbera, el Barón, reunía a su mesa al alcalde del pueblo, Antoni Coll, junto a los miembros de la curia, el escriva y el alguacil. También había el procurador fiscal, el sots-alcalde, los miembros del som-atén y los representantes del pueblo, llamados jurados. De repente un ajetreo considerable. Los bandoleros se apoderan del Castillo por la fuerza, entrando al comedor, y Arengada, en medio de un baño de sangre, acaba con la vida del hijo de Oller de Costa.

Es detenido, juzgado y condenado a muerte en la horca. El bandolero, de mirada perdida, detrás de la reja del ventanal de la prisión del Castillo, adivina más que ve, por la niebla mojada que cae encima de los bosques del entorno, el viejo monasterio de Sant Ponç. Los ruidos del silencio llenan su corazón.

Era el 17 de diciembre de 1.571 cuando Jeroni Pau Miquel, más conocido por Arengada, fue colgado en la horca, en el Coll Roig. Dicen que pidió un cura antes de morir. Horas más tarde seguia colgado en la horca, sin vida, con una alpargata fuera el pie y mecido por el frío viento de diciembre.

Su viejo amigo, monje de Sant Ponç, con lágrimas en los ojos, pidió al Barón de Corbera el cuerpo del bandolero que, según la ley, tendría que seguir colgado hasta que las aves rapaces acabaran con los restos. Se lo llevó encima de un burrito por el camino de Can Lluís, en silencio y rezando un padrenuestro. Las palabras latinas se elevaban hacia el cielo. Lo enterró junto a su querida esposa y, a pesar de había caído la noche encima la cordillera, se oyó el escalofriante grito de un cuervo que volaba muy alto por las cumbres de Corbera.

Text · Joan Renau Turbau
Fotos · l'Abans i Trobar-ho Tot

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Historia | Relación de artículos publicados de Joan Renau